Aquí se escribe de todo. O casi todo.

24 octubre 2006

Adicción a Internet:
Alarma en el ciberespacio
Si bien las cualidades y múltiples virtudes de Internet son evidentes, estudios realizados sobre el uso de la red apuntan a que existe la caber-adicción.

En la actualidad son múltiples los servicios que Internet ofrece, desde las conocidas salas de Chat hasta Google con sus conocidos servicios de búsqueda a través del mundo - Google Earth – pasando por salas de juegos en línea y una infinidad de otras herramientas y aplicaciones útiles para los cibernautas. Pero el término que se está acuñando desde hace aproximados 10 años tiene que ver con la adicción que Internet puede generar.

Bajo los nombres de “desorden compulsivo de Internet”, “uso patológico de Internet” o “uso compulsivo de la red” se conoce la adicción sicológica que este sistema de computadores entrelazados ha generado en muchos usuarios alrededor del planeta. El término “adicto a Internet” fue usado a modo de broma por el psiquiatra Ivan Goldberg en 1995, que posteriormente definiría algunos de los patrones o sintomatologías que puede generar el espacio virtual en muchos de sus usuarios.

Sintomatologías

La alusión que Goldberg hace con respecto a un adicto a Internet tiene que ver principalmente con el tiempo que pasa –si es que va en aumento cada vez- como los síntomas que se presentan al momento de cesación o reducción del uso de la red. En este caso, los síntomas podrían ser la agitación psicomotora, ansiedad, pensamientos obsesivos acerca de lo que podría estar ocurriendo en la web, fantasías o sueños sobre Internet e incluso movimientos de tecleo voluntarios o involuntarios.

Para poder identificar a un ciber-adicto es necesario fijarse principalmente en si el afectado accede a Internet con más frecuencia o por periodos más prologados, si sus actividades sociales, ocupacionales o recreativas se dejan o reducen a causa del uso de la red o si no se abandona o disminuye su uso, a pesar de saber que está causando algún tipo de daño concreto.

El Doctor en psicología norteamericano David Greenfield, fundador del sitio “virtual-addiction.com” (adicción virtual) elaboró el año 1999 una encuesta para el sitio de Internet de ABC Noticias en Estados Unidos, donde se consideraban principalmente: el número total de horas que se pasaba el usuario en Internet, si se experimentaban a través de la red relaciones intensas, no poder esperar para llegar al ordenador y conectarse, o si otras personas consideraban que el usuario presentaba problemas con respecto a Internet, entre otras. Si el 60% del total de los síntomas se manifiestan en el individuo, es probable que haya generado una adicción a la red.

En la actualidad, hay sitios en los que se puede diagnosticar rápidamente la ya mencionada adicción. Este es el caso de “adictosainternet.com”, un sitio que contiene tres tipos de pruebas diferentes que ayudan a diagnosticarla. La web corresponde a una investigación dirigida por cuatro psiquiatras que pretenden develar los comportamientos de quienes utilizan Internet más de lo debido y como la red afecta en las diversas maneras cada uno de los accionares de los usuarios.

Un reciente estudio realizado en Alemania señala que existen 80.000 ciber-adictos en ese país. Uno de los criterios de evaluación del estudio es pasar más de 34 horas semanales conectados.

Debido a los estudios realizados en Europa, es que en Neukirchen, Austria, la clínica Münchwies ofrece tratamientos individuales con fármacos y psicoterapia, llamando a quienes se internan en el recinto como “pacientes con trastornos en el control de impulsos”, lo que parece ser más acorde con los conocimientos que actualmente se tienen sobre las patologías de adicción.

Los que la niegan

Por otra parte existen quienes niegan la adicción a Internet. Este es el caso de Helena Matute, catedrática de psicología de la facultad de Deusto, en España. Afirma principalmente que el uso de Internet puede ser excesivo, más no adictivo. Para fundamentarse, explica que las adicciones pueden sólo ser generadas químicamente según el Manual Diagnóstico Estadístico IV de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatras (APA).


Matute explica que los problemas que se puedan producir por el “exceso de Internet” son de mejora rápida y tienen que ver directamente con la eficiente distribución del tiempo. De esta manera, la persona que pase muchas horas en el ciber espacio deberá organizar otras actividades que lo mantengan a modo de cable a tierra, para no generar un estilo de vida sedentaria poco sana.

A esta misma tendencia se suma Ernesto Contreras, psicólogo clínico de la Universidad de Tarapacá, que afirma que ponerle el nombre de adicción a la estadía prolongada en Internet puede resultar una exageración, pero que sí causa trastornos corporales debidos al sedentarismo al que se somete el cibernauta.

Las múltiples caras sobre la adicción a Internet pueden revelar solo una cosa: lo entretenido, interesante y útil que Internet puede resultar. Basta con prender el ordenador para ver un mundo de posibilidades en las que podemos estar inmersos. Como con todas las cosas de la vida, de seguro se debe ser precavido, ya que todo en exceso puede resultar perjudicial.

23 octubre 2006

El delicado sonido del dinero

En el casino había luces rojas y amarillas, los croupiers tenían el pelo negro, todos. Miraba la mesa de poker y sabía que ahí no tenía que jugar. Daba un par de vueltas, la ruleta. Un clásico, rojo o negro, rojo o negro, pero era mucho, tenía que entretenerse por una buena hora y el dinero quería gastarlo lo antes posible. De repente y brillando, estaba el tragamonedas.
Se paró delante, lo miró con determinación, los colores brillaban más que nunca, los amarillos en los bordes, de música de fondo algo calmado incluso parecido a la música de los aeropuertos, tal vez Ravel, quién sabe.

Metió su mano en el bolsillo y vio una única ficha, brillante, en ese momento, paró la música. Era de súbito, la única ficha, las demás se habían esfumado, tal vez se las había gastado, era muy confuso, como si una niebla traspasara a través del casino. Vio a la gente, y de pronto, a los costados, había más gente, lo miraban y el semi-paranoico los miraba de vuelta.
Echó la moneda, tiró la manilla y comenzaron a girar los símbolos.

Limón.
Limón.
Limón.

10 millones de pesos era lo que acumulaba el tragamonedas y de pronto su máquina empezó a trompetear, la gente se volvió hacia el y se convirtió en el centro de la atención. Con ese dinero de seguro podría cambiar su auto, o re amoblar su departamento, pagarle a sus padres un viaje o viajar el mismo. Mira hacia la derecha y viene un tipo con un frac negro acarreando un carrito con un maletín, lo felicita, lo abre “señor, acá sus 10 millones” le da la mano y listo.


Ese es el sueño más recurrente de Julián.


25 años, contextura gruesa, barba afeitada de unos 3 días, poco pelo pero peinado hacia atrás, ojos verdes, camisas abiertas, un medallón que le regalaron sus padres cuando salió del colegio, bastante pelo en el pecho. Todo un cafiche.

Va al casino aproximadamente tres veces por semana –puede ser más, nunca menos- su ronda habitual es el black jack, el póker, la ruleta y el crabs. Durante la noche se toma un par de tragos y conversa con los que se encuentra allá, que no son pocos.

Ludópata:
Que padece ludopatía.
Ludopatía:
Adicción patológica a los juegos electrónicos o de azar.
Adicción:
Hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos.

Perdió su virginidad con el casino a eso de los 19, cuando acompañó a su papá al casino en Pucón, para pasar un poco el rato de las vacaciones. De vuelta ya en la ciudad, decidió visitar con un amigo el de Viña y de ahí… no pudo parar. O no quiso.

Su “anécdota” más asombrosa corresponde a como conoció a Isidora, su actual novia.
“Estaba jugando crabs y una rubia se paró al lado mío a ver. Y obviamente me puse nervioso, como no querís que me ponga nervioso si tenis a una rubia de ojos azules, falda a las rodillas y una polera apretada negra mirándote todo el rato. Perdí casi todo. Cuando ganaba, la miraba y le ponía cara de “hey nena, viste” pero nada.”
Aparentemente Isidora, no interesada en adictos al casino y menos en cafiches que estuvieran jugando crabs, avanzó a observar a otra mesa.
El la siguió.

“¿Hola, disculpa, te quieres tomar algo?”
“¿Algo como qué?”
“ ¿Una caipirinha?”
“No, pero acepto una coca cola”

Conversaron 3 bebidas y un par de tablas de quesos. De ahí fueron a comer sushi, intercambiaron teléfonos, salieron, paseos en bicicleta, escapadas a maitencillo, invitaciones a comer, escuchar música hasta tarde y salir con los amigos.
Aún así, Julián sigue yendo 3 veces por semana al casino. Ella lo acompaña algunas y se encarga de que no gaste mucho dinero, es su cable a tierra.

“¿La vez que más he ganado? Una noche llegué cargado, en el póker gané 200 en la ruleta como 70 y en el bingo 50. ¿La que más he perdido? Una vez que el crabs me tenía vuelto loco, pero fueron 15 mil. Nunca más que eso”
Soñó con 10 millones, conoció el amor de su vida, gana dinero, pierde dinero. Le gusta el casino, lo entretiene, se distrae, lo prefiere a ver televisión.

“No hay nada más estimulante que ganar”.

21 octubre 2006

Palestinos e Israelíes
Historia de nunca acabar
La disputa que ya va a cumplir 60 años el 2008 mantiene aún la división entre israelíes y palestinos, además de la intensa división dentro de Palestina misma.


Gaza se ubica al sudoeste de Palestina, depende económicamente de Israel y viven en la actualidad cerca de un millón y medio de refugiados, que trabajan principalmente en la industria de servicios, construcción y agricultura. Cisjordania tiene aproximadamente dos millones de habitantes, limita al este con Jordania y el Mar Muerto y al oeste con la “línea verde” –línea trazada tras el armisticio de la guerra árabe-israelí del año 1948- corresponde a territorio conquistado por Israel a Jordania en 1967 durante la “Guerra de los seis días” y es reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como territorio ocupado por Israel, aunque formalmente no ha sido anexada y por derecho, no pertenece a ningún Estado.

Luego de la diáspora –división del pueblo judío por el mundo- el 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó el Plan de Partición de Palestina dividiéndola en dos estados, uno judío y otro árabe. Los Británicos que tenían control de la zona se retiraron, esperando la autogobernación de ambos estados. Al día siguiente de la declaración del Estado de Israel en el territorio asignado por la ONU, Egipto, Líbano, Siria, Iraq y Jordania le declaran la guerra a Israel arguyendo que el territorio donde habían formado su estado era históricamente árabe.

En el primero de los conflictos árabe-israelí de 1948, llamada también “Guerra de Liberación” o “Guerra de Independencia”, Israel logró conquistar el 78% del territorio además de destruir cientos de poblados palestinos, lo que generó una oleada de refugiados en Cisjordania, Gaza y otros países árabes. Estos dos últimos territorios son ahora disputados por palestinos e israelíes y corresponden al no reconocido “Estado Palestino”.

El Estado Palestino
Si bien los palestinos reclaman tanto el retorno de sus refugiados, además de la vuelta a las fronteras anteriores a 1967, el retorno de los territorios ocupados en la actualidad y el establecimiento de su capital en Jerusalén, el panorama se muestra más que complejo. Todo lo anterior corresponde a un intento por la formación de un Estado Palestino, Estado que ve bastantes inconvenientes para su creación y establecimiento.

Los principales problemas para dicha formación, serían la discontinuidad territorial además de la escasez de tierras, lo dispersa de la población –que podría llegar a dispersarse aún más en el caso de la creación de un Estado Palestino oficial- o la falta de organización en cuanto a la búsqueda de autoridades competentes y calificadas para organizar este Estado.


En el marco de la Hoja de Ruta –Intento de solución permanente al conflicto palestino-israelí generado por los Estados Unidos- los Acuerdos de Ginebra el año 2003 pretendieron establecer un estado palestino en el territorio de la Franja de Gaza y en el 97,5% del territorio de Cisjordania, con su capital en Jerusalén este. Lamentablemente para ambos bandos, ninguno de los acuerdos ni tratados complementarios, incluyendo la hoja de ruta misma, se ha llevado a cabo debido a los constantes enfrentamientos violentos protagonizados por ambos bandos.

A todo esto se suman los constantes enfrentamientos entre palestinos e israelíes en la Franja de Gaza, con saldos de muerte cada vez mayores afectando a población civil, además de la destrucción de asentamientos públicos. Todo esto limita cada vez más el espectro de acción internacional y las posibilidades de una resolución de paz definitiva que pueda mediar una solución al conflicto favorable para ambos países.


Los frentes palestinos
Al Fatah es una organización política de resistencia palestina fundada en Kuwait a modo de componente de la Organización de Liberación Palestina (OLP). Fue fundada por Yasir Arafat en 1959 y se unió a la OLP en el 68 y fue responsable de numerosos actos de terrorismo internacional en Europa occidental durante los años 70.

Hamas corresponde al Movimiento de resistencia islámica. Es una organización nacionalista palestina que tiene como fundamento la lucha armada contra el Estado de Israel. Fue declarada como una organización terrorista por la Unión Europea, los Estados Unidos e Israel.

Hamas corresponde a un movimiento armado opuesto a Al Fatah y tienen constantes enfrentamientos en territorios civiles palestinos. En la actualidad, el pueblo de Palestina es gobernado por el grupo Hamas, luego del gobierno de Al Fatah, que reconoció a Israel como estado el año 1993 en la Declaración de Principios con Israel firmada por Arafat. A partir de esa declaración, el movimiento no ha vuelto a perpetuar ningún atentado terrorista hasta la fecha.
Los actuales enfrentamientos en la Franja de Gaza son ejemplo de la no-resolución de palestinos e israelíes, que han cobrado la vida de millones de personas inocentes en lo que va de los últimos 50 años. La formación de un estado palestino se ve dudosa dados los problemas de dispersión demográfica e incontinuidad territorial, y será solo la determinación de los involucrados en esta cruenta batalla de darle un respiro al mundo y terminar con este cruel conflicto.

09 octubre 2006

Gracias por fumar

Cuarenta y ocho años, tres hijos, un marido, diez pares de zapatos, dos autos, tres tarjetas de crédito, una casa, tres piezas, un comedor, un living, dos computadores, cuatro teléfonos, dos celulares, una lapicera, dos ojos, dos orejas, dos pulmones, una boca.

Dos cajetillas.

María Elena fuma Viceroy Light, enciende con un Zippo morado con caracteres blancos y guarda todo en una cigarrera de cuero con dos compartimientos. Entre bocanada y bocanada describe lo mejor que puede la adicción y placer que le produce fumar. 40 cigarrillos al día –pueden ser 60 si es que hay fiesta, reuniones, cócteles, asados, bautizos, despedidas, navidad, año nuevo, cumpleaños, reuniones de amigos, etc- y como los distribuye en lo que va del día.

El primero es en la mañana, a eso de las 6.30, antes de despertar a los niños, con un café y dos tostadas revisando el diario digital, antes de ducharse o de que alguien en la casa despierte. Luego despierta a los niños que deben ir al colegio, el mayor a la universidad. Mientras ellos se duchan ella revisa algunas de las cosas que debe hacer durante el día y prepara la ropa que lucirá. En ese intervalo ya va otro cigarrillo.

Durante la mañana atiende llamados, asiste a reuniones, saca cuentas y elabora planillas, revisa insistentemente el correo y se contacta con empresarios del mundo. La cantidad de café que ingiere es exponencialmente menor a la cantidad de cigarrillos que los siguen. Por un café, van entre dos y tres cigarros (dependiendo, claro está, del porte del café, porque si fuera un café de un litro, sería una cajetilla entera). Llega la hora de almuerzo, que siempre es precedida de un cigarro.

También le sigue un cigarro.

Durante la tarde continúa el trabajo. Vuelve a la casa e intenta relajarse. La adolescencia de sus hijos le deja tiempo libre, principalmente cine, música o lectura. Comparte mucho tiempo con su esposo, que curiosamente, no fuma.

“Ricardo fumó hace años, más joven. Ahora es más deportista y lo dejó. Como no fumo en la casa no hay problema, fumo en el patio o en una pieza de estar con ventanales grandes, así no se pasa a cigarro el resto de la casa”.

En la noche ojea alguna revista después de haberle dado las buenas noches a Tomás, José Pablo y Enrique, revisa nuevamente los correos y come algo. Se mantiene esbelta, dientes blanquísimos, dedos que no delatan su vicio.

“Es harto lo que fumo, pero hasta cierto punto, controlable. Puedo estar perfectamente sin fumar durante horas, pero después el cuerpo pide. Traté de dejarlo dos veces. La primera lo logré durante dos días y la segunda durante una semana. Me chequeo periódicamente para ver si tengo algo, tu entiendes, un cáncer, pero hasta el momento nada. Los fumadores fumadores, como yo, necesitan cuidarse los dientes y manos sobre todo. El cigarrillo es muy dañino y es muy feo tener los dientes negros, las manos amarillentas, sobre todo las uñas. Ahí si que no me soporta mi marido.”

Partió fumando a los 15, le gustaba tirar el humo y verse a sí misma fumando. Las cantidades fueron aumentando con los años. Durante sus tres embarazos dejó completamente de fumar, pero una vez terminada la labor, prendía otro y todo nuevamente.

A pesar de la nueva ley, María Elena fuma en su oficina. Atiende a la gente y según el carácter de ésta, ella fuma o no fuma. En las reuniones del colegio de sus niños no fuma, ni en el mall, ni el supermercado, ni la iglesia, ni el gimnasio, ni en el cine o el teatro. Se sabe respetuosa, ya que a muchos les molesta el humo y ha tenido un par de altercados.

“Una vez una compañera de trabajo me encaró. Que cómo era posible que fumara tanto, que si no me preocupaba por mi salud, qué el ambiente, que los niños, que el gasto de plata, etcétera, etcétera. Le di las gracias por su preocupación, pero le expliqué que fumaba porque me gustaba, nada más”.

María Elena es adicta al cigarrillo. Lo tiene incorporado dentro de su rutina habitual. No molesta a nadie – o intenta no hacerlo- y pide que no la molesten. Fuma con cara de complicidad y bota el humo elegantemente. Es una fumadora con convicción, no social. Los fumadores sociales son una careta, fuman para que los vean. Ella no.

Ella es una real fumadora.

04 octubre 2006

Olmeca

Los hospitales siempre me han traido esa extraña sensación de que todo anda mal.

Es cosa de entrar, verlo todo blanco y medio lúgubre, un tanto helado. Es ahí cuando empezamos a interpretar, y todas las personas que vemos nos parecen enfermas, que le duele esto o aquello, salen con parches, con marcas, no pueden caminar, sillas de ruedas y muletas.

Ahora era un poco diferente. Iba a ver un nacimiento.

- Disculpe, buenas tardes.

- Buenas. Diga?

- Usted va a tener un hijo?

- Como voy a tener un hijo pue’ hombre, mi señora.

El pabellón de neonatología era claro, baldozas blancas con detalles verde claro resaltaban la luz, tratando de dar a entender que no es tan lúgubre un hospital como parece, que la venida de un niño al mundo debe ser clara, qué se yo. Traté de interpretar los colores, pero seguramente son colores predeterminados, ya que otros pabellones del hospital también los tienen. De todas maneras, no era tan triste como yo creía.

José esperaba a su esposa que acababa de entrar al pabellón. Ramiro iba a nacer, era el primero “de los 10 que vendrán” como dijo bromeando el papá chocho, para luego retractarse y decir “diez? Estás loco!”.

- El primero. Disculpe la pregunta, pero fue de casualidad?

- Jajajajaja, estos periodistas. Bueno, si, ni tan casual. Pero si.

- Y todo bien?

- Todo muy bien, ya estoy esperando para enseñarle algunas cosas.

José es maestro carpintero, pero tiene un extraño carisma y demuestra que sabe de muchas otras areas. Tiene un léxico sumamente amplio y una extraña manía por sobre acentuar las palabras. A veces habla un poco chistoso y tengo que disimular la risa, miro hacia abajo y me cubro la cabeza. La grabadora no le molesta y a instantes la olvida, las miradas no quedan registradas, pero está nervioso. Muy nervioso.

- Un cigarro?

- Si, pero acá no se puede fumar, vamos para afuera – me dice después de apuntar un letrero enorme de no fumar.

Atravesamos el pasillo, pasamos por una de las alas laterales del hospital, atravesamos una puerta de vidrio y salimos a uno de los patios del costado.

- Yo no tengo, a si que convídame uno.

- Claro, pero no fumo muy fuerte.

- Y yo no fumo, pero hoy es ocasión especial, no creo que siga fumando.

- No fumaba? – y me sentí culpable por invitarlo un cigarro.

- Ya se me había olvidado, que agradable.

- Espero que no lo tome como hábito, el cigarro mata.

- Si, pero uno no es ninguno. Usted sabe.

- Como se va a llamar su hijo?

- Me parece buen nombre Platón.

- En serio!?

- Si, pero mi señora no quiere. A si que Jorge nomás.

- Claro, es más común y se ahorra las burlas en el colegio – y no le quise decir que también se ahorra las burlas de los amigos, de los primos, de todo el mundo.

Empezamos a conversar de autos, del hospital, compartíamos el mismo prejuicio, que el hospital es para los enfermos y que cuando una mujer va a dar a luz, se transforma la percepción y los dejamos de ver como lugares muy fúnebres, aunque tambien lo son porque muere mucha gente a diario.

Volvimos al pabellón, José preguntó por “la Rosa” que aún estaba esperando para que le sacaran a su hijo del vientre –o como preferiría decirle yo, muy personalmente, “que le removieran el bulto del estómago”- y así poder descansar, algo.

Se hacía tarde y debía devolverme. Me despedí con el compromiso de volver al día siguiente y ver si consigo ver al bebé recien nacido, conversar algo con la madre.

Me fui a la casa mirando el piso, era una experiencia nueva y tengo ese extraño sentimiento de autoevaluación cada vez que vivo algo diferente. Me fui examinando hasta que la constelación asociativa dió un giro y empecé a pensar en lo feas que son las guaguas recien nacidas. No “recien” cuando las sacan del vientre, porque ahí están llenas de líquidos, que el cordon umbilical, que la placenta, que la sangre, los gritos, etc, ya, no me parece agradable. Pero después, cuando se ven medio inchadas, las cabezas casi inflamadas como esas cabezas gigantes Olmecas, ojos medio achinados el pelo escaso y sobre la frente, qué se yo, medio inflamadas.

Volví al día siguiente. No encontré a José de inmediato y pensé “hasta acá llegué, no puedo irrumpir así como así y preguntarle a la Rosa como está”. Me di unas vueltas, vi unas revistas y llegó José a ver a su esposa, a la misma hora que me dijo que estaría. Excelente. Entró el primero, salió y me hizo su confesión suprema:

- Sabes? Yo siempre había pensado que todas las guagas son feas.

- Yo también, lo pensé justo ayer.

- Pero la mía es preciosa, segurito que a Jorge me lo piden como modelo

- Usted cree? Tanto asi?

- Que no ve al padre? – y se ríe con esa risa de Mafioso que pocos tienen y que muchos tartan de imitar.

- Y yo lo puedo ver?

- Si, está en una salita, se lo van a pasar a mi señora y usted puede entrar conmigo a verlo.

Me contó que le habló de mi a su señora y ella estaba contenta de que alguien documentara el nacimiento de su primer hijo. Espero que si esto lo leen alguna vez, no se enojen, es el sentimiento que tengo. Pero no creo.

Entré y vi a Rosa –bastante más bonita de lo que me la imaginaba, con pelo castaño oscuro, tez muy blanca y ojos pardos, contextura normal tirada para gruesa, con ojos muy pacíficos y actitudes muy dulces- acostada, poco arreglada pero bella. Sostenía al Olmeca Jorgito con los dos brazos y lo miraba, como si le contara los pelos que tenía en la cabeza, que por lo demás no eran muchos.

Ahí me di cuenta que la objetividad se pierde por completo con los hijos. Y el dicho de “solo tus papas te encuentran bonito” es cierto, porque sinceramente, no era estéticamente agradable Jorgito. Les di las gracias, lo mire por última vez y me puso una extraña cara de satisfacción. Y claro, estar 9 meses encerrado no debe ser agradable.

Me fui para la casa y me sentí cruel. Llegué y busqué en el closet los antiguos álbumes familiars que guardo, vi muchas fotos hasta que encontré mías de bebé. Sorpresa, yo creía que era agraciado, pero no, era un Olmeca más, con la cabeza inchada, inflamada, si, un niño gracioso, debemos decirlo, pero sumamente cabezón.

Ahí descubrí que todos nacemos cabezones y después el cuerpo crece más y la cabeza se deja de notar tanto. La experiencia estuvo interesante. En algún momento voy a descubrir que no todo es estético y que los cabezones tienen su mundo aparte donde son queridos y alabados.

Por mientras, seguiré viendo a los bebés y seguiré pensando que son feos, achinados y cabezones.

Un ciego en sintonía

Tener 18, disfrutar del pasto seco y de la lluvia, no conocer la oscuridad ni la luz, estudiar en un instituto para ciegos y obviamente, ser ciego, habla mucho de una persona.

Debido a un defecto congénito, Andrés nació sin la posibilidad de ver lo que lo rodeaba, en lo absoluto. La constitución de su mundo interno es totalmente diferente a la constitución de cualquier otro ser humano con el sentido desarrollado. Esto convierte a Andrés en un sujeto complejo. Los ejemplos que Andrés entrega están casi totalmente ligados con las sensaciones que a él se le producen, con momentos del día, sonidos o superficies. Nunca con imágenes.

No verse y no ver a los demás no es algo que lo atormente, nunca lo tuvo y nunca lo tendrá. El equivalente de volar para el resto, sabemos que nunca lo haremos, y no nos atormenta.

Andrés sacó provecho de su cerebro y éste lo mantiene en contacto con el exterior. El piensa.

Con un sentido menos, el desarrollo de los otros se hizo extremo y mucho más agudo. No ve lo que come, pero lo saborea mejor que yo, que si lo veo. Escucha la música sin necesidad de ver la carátula del disco y parece entender su sintonía y propósito. Camina sin ver lo que recorre, con la satisfacción de tocar, forjar conceptos y entrelazados inimaginables –para nosotros- que lo ayudan a componer toda la constelación asociativa que debe crecer en su cerebro.

Andrés escucha la televisión, no la ve.

Se despierta, conversa un rato con su madre que lo pone al tanto de algunos cambios en la casa, se ducha y viste. Zapatillas blancas, pantalones café y una polera verde. Distingue su ropa por textura y por los entramados que constituyen la costura. Luisa –la mamá- lo lleva al instituto donde está aproximadamente 3 horas, vuelve a la casa y descansa. Enciende un rato la radio y se pone al tanto de lo que pasa en el país, se informa. Le gusta conversar en la mesa, en las reuniones y juntas de amigos. No le gusta quedarse atrás, tiene la veta del comunicador, tiene un vocabulario amplio y seguro. Sabe de lo que habla.

Durante la tarde se dedica a escuchar música o caminar. Los libros para ciegos se presentan en dos formas: en braile o audiobooks. Un audiobook es un libro que se escucha, es la historia contada en voz alta. El mercado no es amplio, pero en Internet hay de todo. Andrés también habla inglés.

Se sabe muy inteligente, más que otros ciegos. Y definitivamente, que muchos no-ciegos.

Por la noche, Andrés disfruta en el patio de su casa la brisa y de la compañía de alguno de sus otros 5 hermanos. Para ellos, conversar con Andrés es muy motivante. Tiene planes para su vida, tiene muchos. No encuentra que la falta de visión sea una limitante para comprender el mundo, por el contrario, el accede al mundo desde adentro. Desde adentro hacia fuera.

Por lo mismo, su fascinación por la física cuántica ha ido creciendo, lo que ha aprehendido en muy poco ha sido mucho, lo que denota el verdadero interés que demuestra por la ciencia. Aún así, no se la cree: no por estudiar ciencia, te convierte en científico.

Andrés percibe el paso del día a la noche. No lo ve.

Cuando está con sus amigos, conversan de todo. Le gusta escuchar las historias que tienen para contarle, le gusta experimentar. Ha tenido algunas pololas, todas han sido ciegas. Su relación se basa en algo totalmente interno, no hay cabida alguna para la superficialidad. Se acepta y acepta al resto como son, como realmente son. Le ha costado encontrar a alguien que se acepte y se guste, ese es su principal objetivo. El se gusta.

En su vida, hay muchas personas, muchos amigos. Encuentra interesantes todas las vidas y no conoce los estereotipos, pero si asocia a tipos de persona con sus actitudes. A pesar de eso, trata de no juzgar, no lo encuentra adecuado. Tiene un criterio totalmente formado y “observa” todo con claridad. El flota.

Andrés flota.

Al compás de un entierro

Cincuenta años, una pena. Los infartos son fulminantes y muy pocas veces dan explicaciones. Mortesinos violines acompasaban lenta y pausadamente una marcha seguramente alemana, canciones de guerra, canciones de funeral.

El féretro se mostraba majestuoso. Con terminaciones inusuales, parecidas a antiguas criptografías indias decoraba los costados, con un punto central rojo, brillante de centro opaco a la vez. La viuda y sus tres hijas sonreían forzadamente los pésames colectivos e individuales, agachaban la cabeza y extendían la mano. Guantes negros pero casi transparentes, con bordados en la muñeca. La palma mirando hacia el piso, se la dejaba besar como se le hace al sumo pontífice con su anillo. La hija mayor era claramente la más afectada. Demacrada y con los ojos en tinta, una mezcla de hinchazón con rimel, suspiraba a ratos y sollozaba a otros, se cubría la cabeza con la mano, sin guantes. La hija mas pequeña jugaba con sus zapatos, se los pisaba uno con otro constantemente, balanceaba las manos y miraba el techo. La gente seguía esperando, seguían entregando condolencias, beso al anillo, reverencia, olvido.

Los violines empezaron a acentuar la velocidad, cambiaron las pausas por notas agudas que el oído asimilaba rápidamente con una danza húngara. Bajó la velocidad, se hizo más grave, los compases más lentos y menos marcados, pasadas perceptibles y sentidos desarrollados. La gente paró por un segundo, la viuda volteó su cabeza y posó la mano sobre el féretro. Lo frotó y volvió a su estado. El párroco hizo una seña y la gente comenzó a tomar asiento. La viuda y sus tres hijas, acompañadas de otros familiares cercanos, tomaron asiento en la primera fila. El párroco, algo gordo para su sotana, levantó los brazos y los bajó bruscamente. Saludó a la familia y comenzó a relatar su cercanía con el finado. Aparentemente, habían sido ex compañeros de colegio, manteniendo el contacto toda la vida. Luego de un par de risas forzadas, producto de anécdotas que pretendían risas –pero en lo absoluto jocosas- , pidió que la gente se parara para ejecutar los ritos de rutina. Nuevamente los violines se pronunciaban, con notas lánguidas, fúnebres.

La gente le daba un adiós solemne, algunos lo saludaron de manera sincera, otros cínica.

Seis personas cargaron el féretro y lo depositaron en la carroza. Los seguimos desde cerca, 50 Km. por hora, con sol pero mucho frío. La viuda bajó y caminó con la cabeza gacha hasta el terreno donde viviría su marido por los próximos milenios. Pasto, los nuevos cementerios que parecen jardines botánicos, en los que no sabes con certeza si ir a dejarle flores a tu ser querido o llevarle unos huevos duros y hacer un picnic. Luego de algunas palabras, bastante improvisadas y sin mucho sentido, comenzó el descenso del ataúd. Tiraron un par de rosas, lo típico, el cliché.

Ahí terminó su historia.

Extrañamente, la gente está triste. Seguramente el 20% del total siente realmente tristeza, el finado les hará falta, dejó de suplir alguna carencia interna de esos 5 o 6 personajes con los ojos enrojecidos, cabezas al piso, manos cruzadas. Piensan que seguramente se ha ido al cielo, aunque una que otra caída debe haber. Las preguntas básicas le saltan a todos, que no somos nada, que somos insignificantes, que nuestro paso por la vida ha sido uno más, que todos moriremos algún día y que seguramente será en la tranquilidad de nuestro hogar, aunque nuestro protagonista falleció en un bus provincial, infartado, solo. Aún así, tendemos a creer que nuestra muerte será plácida.

Ahí las dudas más profundas sobre la muerte renacen. Nos damos cuenta que el morir es un proceso rápido, de una centésima de segundo, el cuerpo reacciona o no reacciona, la mente responde o se apaga.

Vemos pasar la vida en segundos, nos aceleramos, aturdidos vemos las cosas más lentas cuando en realidad se intensifican, las pupilas se abren y tratan de captar los 180 grados reales de visión que tiene un cuasi-muerto. Desprovistos de los 21 gramos, volvemos a ser lo que éramos antes de nacer. Nada. No tenemos recuerdos, no tenemos presente, pasado o futuro, no nos atenemos a reglas porque no hay nada en qué basarlas. Es un constante exceso que se detiene solamente cuando vemos la luz. Y esa luz, quien sabe de qué será. Entonces la vemos lentas y nos damos cuenta que la luz la tapan con tierra, con rosas, con aplausos y suspiros.

Ahí captamos que estamos realmente muertos y que no hay nada que pueda remediarlo. Los milagros ocurren, pero no cuando se está a dos metros bajo tierra, con un pijama de madera y con 40 kilos de tierra encima. Ahí la historia acaba, y se transforma en el ejemplo temporal de otros, un ejemplo que se renueva, porque la gente conocida se muere y cada vez más seguido mientras pasan los años. Ahí nos apoyamos en las religiones, la que mas se acomode a nuestro estilo de vida, nos sentimos nada, pero continuamos flotando. Nos acordamos a ratos y tratamos de no cometer el mismo y exacto error que al otro lo llevó a la muerte. Algunos comían pan, otros mucha mayonesa, mientras que otros se lamentaron toda su vida por no hacer nada y por remediar algunas culpas de manera incesante, de arreglar en vida lo que en muerte les pesaría, lo que le pesaría a la humanidad, derrocar los relatos en velocidad cero, no cometer errores. Ser implacable.

Lo entierran y se acaba la historia. Fue un funeral que no representó para nada la vida del muerto, sea la que haya sido. Mucha hipocresía, mucho violín. Ahora tocan más bajo. Mas grave. El sonido es seco, los violines acompasan suavemente el sonido de la tierra golpeando la caja.

Los 40 de vodka

“Partí entre calles cerradas, poco inocentes, harta vida, poca añoranza, caminé entre senderos y conocí la luz. La conocí tanto que me dejó ciego, en la oscuridad me perdí y de ahí no he salido”.

Recitaba los versos rápido, y a pesar que tomaba nota lo más rápido que podía, la poca luz del local me dejaba a penas ver a algunos metros de distancia –eso y que en circunstancias de poca luz, enceguezco como un topo.

El lugar, la situación y el personaje, todos y cada uno con nombres a designar, son de poca importancia. Lo importante es lo que pasó, lo que se dijo, más que los participantes en si y sus identidades. Un pub de dudosa reputación, con gente de dudosa notoriedad y tragos de dudosa procedencia, borrachos de dudosa profesión junto con sillas y mesas de dudosos materiales y formas. Sentados los dos, vomitaba certeramente respuestas a mis preguntas un envejecido poeta de sólo 33 años de edad, ojos caídos, generosa barba y nariz respingada. Sus gafas deformaban la forma de sus ojos, indicio inequívoco de que el aumento era elevado. A medida que pasaban los minutos –y posteriormente las horas- íbamos soltándonos en temas, esa era la manera. “Recuerda, este tipo no suelta si no es con copete” me dijeron, y bueno, ahí está, nada que el tinto no pueda solucionar. Como mal bebedor de vino que soy, solo acepté dos vasitos, el resto se lo dejé a mi interlocutor, que bebió un tanto más. Todo fue un proceso limpio e higiénico de dos personas conversando, una entrevista camuflada que terminó siendo una entrevista formal, pregunta respuesta, pregunta respuesta.

- Y por qué tomas apuntes tú, ah?

- Porque es una entrevista, esto debo transcribirlo luego.

- Ah, cierto. Bueno, te sigo contando entonces. Terminé de trabajar y me fui a la casa a buscar una de vinito para pasar la noche, ver las estrellas y escribir un poco.

- Al aire libre? Con el frío que hace de noche?

- Hace frío, pero me gusta, con el calor me quedo dormido y no es la idea, tiempo para dormir voy a tener cuando me muera.

- Y si sigues tomando así, va a ser dentro de poquito, a si que aprovecha de escribir.

Fue la primera broma. Era para romper el hielo. Y funcionó. Reímos y seguimos la conversación-entrevista.

- Muchos de tus poemas han salido publicados en varias compilaciones de poesía, pero en todos apareces con seudónimos diferentes. Por qué?

- Porque no quiero que me identifiquen, que lean libremente sin estar sujetos a un nombre. De hecho, tu eres de los pocos que me ha identificado, pero fue gracias al…

- Si, gracias a ese mismo. Fue todo una casualidad. ¿Por qué tanta intemporalidad en los poemas? Que te mueres, resucitas, caes y te levantas. Es un martirio.

- Tu crees? Mira, no lo había visto de esa manera. Me gustó.

A nuestra mesa viene un tercero desgarbado, pelo rubio tostado y audífonos grandes, viene de pasada, a dejar un dinero al local. Nos acompaña un vaso corto y se va.

- Ese es artista. Escribe, le gusta harto, pero tiene un problema

- ¿Cuál?

- Cree que solo se hace arte si se es excéntrico.

- Y no es así?

- Claro que no. Puedes experimentar, no es necesario ser extravagante para hacer arte, una no depende de la otra.

- A ver, explícame mejor.

- Todos estos niñitos y niñitas pinta monos, que se visten raro, que hacen una manchita en una lienzo, que creen que pintan y que dibujan, tratan de vender todo un cuento que no se compran ni ellos mismos.

- Dices que tu amigo vende la pomada entonces?

- Tiene trabajos buenos, pero no entiende que en la normalidad residen cosas tan valiosas como las que residen en el caos. Son alternativos, superlocos, tu entiendes.

- Perfectamente.

Recuerdo a un par de personas así e incluso siento un poco de rabia.

El local tenía cada vez menos gente y subieron la música. Tenía una agendita llena de dibujos y frases de mi interlocutor, que ahora fumaba un cigarro con parsimonia. Su pelo se crispaba cada tanto, llenaba completamente el estereotipo de un poeta. Era un escritor, trabajaba como escritor y su hobby era ganar dinero en algo que no le gustaba. Así lo pintaba, así lo explicaba para que entendieran lo que la poesía era para el. Era su trabajo de tiempo completo que no le daba dinero para vivir. Entonces ejecutaba un hobby para poder comer y viajar.

Suena Black Dog de Led Zeppelin, ambos levantamos la cabeza. Al notar ambos el gesto del otro sonreímos y comenzamos un tema nuevo.

- Tu sabes como murió el baterista de los Zeppelin?

- Cómo?

- 40 vasos de vodka. Qué te parece?

- Estupendo

Me mira y se ríe.

- Eso es lo que pasa con los cabros de hoy en día. Encuentran estupendo morirse después de 40 vasos de vodka. Lo que soy yo, ya encontré la forma perfecta de morir.

- ¿Cuál es?

- Con 40 botellas de tinto.

Reímos, vemos el reloj. Cuando la noche es joven y se transforma en mañana, damos la entrevista por terminada. El pub cierra sus puertas, yo cierro mi agenda. Pensamos en descorchar otra de vino, pero sería excesivo. Excesivo como 40 vasos de vodka.

03 octubre 2006

Historias de confesionario

Sentados en la mesa redonda, Joaquín (20), Nicolás (22) e Ignacia (22).

Todos con un vaso en la mano, Pisco ellos, Vodka ella. Entre un silencio un tanto incómodo, y más que incómodo, aburridor, tomaban aislados de otra multitud de universitarios de distintas carreras en el departamento del Pelao Gutierrez.

- El otro día fui a misa y como vi al cura dentro del confesionario, después de que salió un tipo que estaba adentro, decidí entrar.

- Y qué pasó?

- Cuando me hinqué de frente a el, me preguntó “¿Hace cuánto que no te confiesas hija?”

- “Uf padre, qué quiere que le diga, no me confieso hace más o menos 10 años”

- Y qué te dijo?

- Que hace harto que no me confesaba, a si que tenía que empezar solita a desembuchar pecados

Risa generalizada. Se nota que le gusta hablar con palabras más “rebuscadas” pero en general muestra un léxico bastante nutrido y sabroso en sinónimos. El calor empezó a soltar la lengua de los participantes de la mesa redonda que estaban interesados en el relato de Ignacia. Se dio cuenta de sus espectadores y siguió:

- Le dije que era católica a mi manera, me puso una mirada cortante y me interrumpió. Me dijo que era a la manera de Dios o nada, que esa era la única manera. Entonces ahí como que me anduve enojando, y lo interrumpí. Ese fue el error.

- Por qué? Qué te dijo?

- Que no lo interrumpiera. Y siguió. Y habló bastante rato y como le quería preguntar algo, lo interrumpí de nuevo.

- Y? Qué pasó?

- Se enojó más, a si que me sermoneó corto, una bendición y para afuera a rezar ya ni me acuerdo cuantos aves marías.

- Y no le alcanzaste a confesar nada?

- Nada po´, si no me dejó ni hablar.

Joaquín era al parecer uno de los menos conversadores, pero tenía ese carisma, la mirada brillante y profunda. Tomó un sorbo, dejó el vaso en la mesa y dijo con la voz un poco más alta que los demás

- Yo me confesé una pura vez, porque la retada que me dieron me asusta hasta el día de hoy.

- Y qué confesaste para que te retaran tanto?

- Era chico y en el negocio que había al lado de la plaza donde jugaba a la pelota, vendían unas pelotitas de chocolate exquisitas a $100 cada una. Cuando me iba de vuelta, con mis amigos pasábamos a comprar bebidas, y cuando el gallo que atendía las iba a buscar, le sacaba 3 o 4 pelotas y me las llevaba a la casa.

- Ja ja ja que malo, dijo Ignacia y tomó un sorbo de su vodka naranja.

- Y cuando le conté al cura, me retó un montón, que me iba a ir al infierno, que no tenía que robar, que era malo, prohibido, terrible.

- Te traumó parece…

- Obvio, y desde ahí que nunca más me confesé. Y por su puesto nunca más me robé una de esas bolitas.

Para esas alturas estaba todo bastante más ameno en ese sector de la fiesta, en el otro, se veían algunos jóvenes vestidos a la usanza de ahora, entre raperos y gangasters mafiosos de Miami, pero a la chilena, claro está. Ni tan de Miami ni tan de Chile, como la mayoría, ni chicha ni limoná.

Se para una chica, pasa corriendo hacia el interior, lugar donde se encuentra el baño. Se escucha el grito: “Pero aguántate!” y el ambiente pierde parte del glamour que los gangsters chilenos habían creado. Mucha distorsión, música mala y fuerte, y los otros personajes, totalmente sacados de contexto, alrededor de una mesa redonda.

- Yo creo que los curas no deben ni pescar a los que se confiesan ya. Deben haber escuchado tanta cosa diferente que ya todo les parece igual, la vida moderna hace a la gente menos sorprendente que antes.

- Así como robots dices tu? No creo.

- Mira Joaquín, la cosa es así – Nicolás se reacomodó en la silla y apagó el cigarro con actitud y determinación – Tu entras, te escucha, te manda a rezar. A la mitad de la confesión, si la nota medio fome te hace alguna pregunta casi al azar, respondes y a rezar 100 padre nuestros y 100 ave marías. Y listo.

- No creo que sea tan así, es probable que se aburran de escuchar tanto pecado, pero no creo que sea como dices.

Nicolás es más comunicador y demuestra gran objetividad. Calla cuando tiene que callar para escuchar y reconoce otras opiniones. Mira la situación y los que lo miraban parecían esperar que el hablara, esperado la historia.

- La última vez que fui a confesarme, el cura casi ni escuchó lo que le dije, qué se yo, lo habrá encontrado aburrido y no pescó mucho.

- Y le contaste algo muy importante?

- No, me da como vergüenza contarles cosas muy íntimas, a si que le cuento puras tonteras, cosas menores y así voy haciendo cambios, porque o si no me da vergüenza.

- Ja ja ja pero como no quieres que encuentre fome tus comentarios y que no te pesque, si le cuentas puras tonteras.

- Bueno, pero así es, no podía contarle ponte tu que…

El ambiente se ve notablemente más tenso y ahora en el otro sector, el east side y el west side de la fiesta estaban parados erguidos empujándose y gritándose insultos. En la mesa redonda lo comentaban, sin prestarle mucha importancia.

Un empujón, un manotón, al piso, agarrados del cuello y la solapa, los separan, todo se dispersa. Cada uno para su casa –o para alguna otra- y todo disuelto a la nada. El desorden es generalizado pero no hay destrozos. En la mesa se levantan, un gesto de desapruebo y a continuar a otro lado.

- Ahí tienen harto para confesar dice Joaquín.

- Si, si, mira la embarradita. Harto que confesar.

Dios y los domingos

Los domingos a las 2 de la tarde no viaja mucha gente en tren. La vocecita en la estación de Recreo anuncia que el próximo tren pasará en 5 minutos, aún hay tiempo para recorrer el lugar con la mirada. No es callada, la avenida España a está a centímetros y los buses pasan rápido, dejan y recogen gente, un par de viejitos se bajan y caminan por la pasarela, marcan su tarjeta y esperan callados en el carril de enfrente, el que va a Valparaíso. No se alcanza a escuchar lo que hablan pero se ven bastante plenos, tranquilos. El tren los recoge a tiempo, suben, se cierran las puertas y comienza el viaje.

14:06, el tren para y nadie se baja. En el vagón no hay más de 6 personas, me siento en frente de una señora de mediana estatura, tez blanquísima y pelo crespo. Algo le sobra, deben ser los años y la mezcla de kilos extra con maquillaje. Tiene en su mano 2 revistillas, que deja cada domingo de casa en casa.

- Disculpe, me presta una para leerla?

- Claro. Quédatela.

- Muchas gracias. Usted las reparte? O sea, es testigo de Jehová?

- Si, aquí tienes.

- Y ahora para donde va usted?

- A Villa Alemana, a la casa de mis sobrinos.

- Ellos también son testigos de Jehová?

- El mayor si, Bernardo aún es muy pequeño.

- Y ahora en la mañana, usted las repartió?

- Si, empecé en Placeres y terminé en Recreo, me quedaron estas dos y otras más que tengo acá en el bolso.

Ya iba en la estación hospital, un par de personas bajaron y otro par subieron, se mantenía estable, cada uno miraba el paisaje correr rápido, cada uno contemplaba como podía la vista del subterráneo y las luces que avanzan rápido entre estación y estación.

Los testigos de Jehová son algo molestos. Profesar su doctrina los domingos en la mañana -y de seguro otros días de la semana- puede no ser lo más apropiado, de seguro mucha gente prefiere dormir hasta tarde y no desean que el mismísimo Dios los despierte del sueño. De todas maneras, era interesante, era una oportunidad.

- Hace cuánto que es testigo?

- Desde los 16, mi mamá y mi papá, que en paz descansen, eran testigos de Jehová también.

- Y usted debe tener unos…

- 56. En agosto 57

Hay una pausa. La señora mira extrañada, seguramente porque no debe estar acostumbrada a que la conversación la controle el interlocutor. Deben tener, de seguro, un plan fijo en caso de que algún extraño trate de comunicarse primero.

- Tú crees en Dios?

- Claro, y usted?

- Por supuesto. Si te dije que era testigo de Jehová.

- Y si ese Dios no es?

- Cómo? –movió un poco las cejas y se subió los anteojos, al parecer la conversación le había incomodado un poco o predijo que sería un poco más densa de lo normal.

- Que si el Dios en el que usted cree no es. Y Jehová no existe. Que pasaría?

- Es que yo creo que si existe, por lo tanto no va a pasar.

- Pero puede pasar, y en ese caso, que haría?

- Hay, es que prefiero tener fe en que si existe. A mi me lo ha demostrado.

Era infructuoso continuar con el tema. Mucha gente lo discute por horas sin llegar a un consenso, menos al convencimiento. De repente, un poco más impaciente de lo que parecía anteriormente, me miró con cara un poco más dulce y preguntó:

- Y tu en qué Dios crees?

- En Dios.

- Pero eres Católico?

- Más o menos. Creo en Dios.

- Solo en Dios?

- Las religiones son otra cosa. No es lo mismo.

En grupos pequeños se juntan y van a profesar “la palabra del señor”, aunque no les queda aún claro si Él mismo la escribió o fue otro mortal, el que años –muchísimos- después había interpretado algunos pasajes y algunas vivencias, había escrito lo mejor posible y es la base de esta tribu urbana que cuenta con un servicio completo de evangelización, así como en la colonia. Sentada estaba Bartolomé de las Casas y estaba lista para adoctrinar al indígena sentado frente a ella. No era problema, como buen indígena tenía las cosas claras y no pensaba cambiar de opinión.

- Cuantos días a la semana trabaja usted como Testigo de Jehová?

- 2 días. Aunque no es un trabajo, es un servicio que da el Señor.

- Y les pagan algo?

- Con dinero? No. El señor se encarga de pagar después –ríe bastante y cortado, con un poco de tos.

- Esto es por amor al arte entonces…

- Mire todos los paisajes que tengo que ver, es la mejor paga.

La composición de color primaria en la estación era café, un paisaje muy parecido al de la Hojarasca de García Marquez, desolado, poca gente. No daban ganas de bajarse allí.

Ibamos en El Belloto y quedaban dos estaciones para que se bajara. Abrió su bolso y me dejó otra revista, diferente a la que ya tenía.

- Léelas y reléelas. Son muy bonitas. Tal vez te convences.

- Quién sabe.

El tren ya estaba frenando, cerró su cartera y se la puso en el hombro. Antes de pararse, estiró su mano, se presentó y me aconsejó nuevamente leer las revistas. Abrió la puerta del tren y se bajó. El tren continuó andando, con paisajes llenos de tierra, casitas minúsculas que se ensamblaban como un rompecabezas.

Después de todo, mi alrededor tenía que ser producto de “algo”. Lo más fácil, al igual que en los primeros tiempos, es atribuirle una función corta a ese “algo”, aunque a pesar de eso, está la certeza de que sí existe y que mueve el mundo.